"TODOS TENEMOS UN FLACO"
Con el
fin de tener palomos para el deporte, me trasladé a tina finca en la
que en lo alto habia un terrado colectivo que me permitía poner unas
cañizolas y enseñar a un par de palomos. Yo me las prometía
muy felices, pero los cálculos, de momento, me resultaron liadillos
La culpa la tuvo un individuo sexagenario a quien todos llamaban don Ventura;
y este vecino que además de genio áspero y orgulloso tenía
delirios de grandeza, miraba a todos por encima del hombro considerándolos
como seres inferiores.
Hecha la semblanza moral de este sujeto, ahora vamos a la física: sobra y
basta con decir que en lo largo y flaco se parecía a O. Quijote, y,
al ser coetáneo de él, se le tomaría por gemelo.
Cuando husmeó que yo andaba preparando el palomar, le dio por subir
al terrado, pasear canturreando y hasta poner a todo volumen un transistor
qué siempre llevaba consigo, con lo que me hacia imposible la práctica
del deporte.
Yo andaba desesperado ~ no hacia más que pensar en dar a aquello una
solución. Hasta que por fin la Providencia vino en mi ayuda y tus ello
que escapándosele un suspiro, dirigiéndose por primera vez a
mí, exclamó a continuación:
Caballero, la colocación de esos cajones con aves domésticas
es una contravención a las ordenanzas municipales, por ser una práctica
antihigiénica, cuando hoy a lo que se va es a eliminar las contaminaciones
de las aguas, las poluciones de la atmósfera, etc.
Como si no fuese conmigo aquel sermón, seguí con mi tarea y
al mismo tiempo comencé a canturrear un fandanguillo:
Tengo una novia muy guapa -pronto será mi mujer- con esa ilusión
yo vivo, que bonito es el querer!
Esto hizo cambiar por completo la actitud del vanidoso don Ventura,
-Ah; ¿pera usted tiene afición a la poesía?
-A leerla, si es buena, si,
-Pues yo compongo también
-icaramba!, dije yo, hipócritamente, viendo el cielo abierto, Crea
que me alegro mucho tener coma vecino a un poeta.
Yo he colaborado en varias publicaciones y me he codeado con Carrere, Villaespesa,
etc.
O. Ventura y siendo usted una persona culta, sensible y admirable, ¿cómo
tiene tanta aversión a los palomos?
-Ellos son el símbolo de la paz y del amor... Hijo, los tiempos cambian
Y parado en el
centro del terrado, levantó el brazo con el dedo índice erguido, como
si fuera a decretar un ultimátum y exclamó mirándome de arriba
a bajo:
Vive Dios que me ha caldo usted simpático; Vd. volará palomos
aquí. iAhi, continué, pero con una condición ineludible;
la de no tener amistad ni dirigirle siquiera la palabra a eso perro judío
de Arturo, el tendero de la planta baja, egoísta y vil a quien yo le
llamo el Canguro, porque se me antoja un marsupial.
-si es
eso solamente, acepto, dije yo viendo el cielo abierto-.
Y ya amansado, continuó don Ventura:
-Ese palomo berrendo, ¿cría o qué hace?
-No es berrendo, -respondí yo-, en nuestro argot le llamamos "figura".
-¡Hombre! que bien, me gusta el nombre y le dedicaré una poesía;
porque figura rima con linura, ternura, hermosura, etc., etc.
-Y con don Ventura, locura y... hurra...
-Bueno, eso es en inglés.
-Yes.
-le, je, je, qué bueno; si, sí, usted votará palomos;
lo afirma Ventura del Pino. - - y los Pinos...
-Los de Cuenca tienen fama,.,
-Veo que ha oído hablar de los Pinos.
-Muchas veces.
- ¿Ah!, si somos celebres en todas partes.
-Bueno, y perdone mi indescrecion; usted, ¿en que trabaja?
-Yo en nada, ni ganas; estoy jubilado.
-¡Oh! que bien, usted es de los mios, teme al trabajo y compadece al
trabajador; pero el trabajo..
- Si, el trabajo a mi me distrae cuando lo veo practicar a los demás,
pero trabajar yo, jamas. A lo jamas que he accedido es a hacer bajar a los
otros y si alguna vez hago algo es porque me canso de no estar cansado.
- Y nuestros convecinos, ¿trabajan?
- Si, si, todos; ahí verá usted que seres tan vulgares son;
pues no olvide que un monarca español decía, refiriéndose a los trabajos
corporales, que: "todo el que trabaja es porque no aprovecha para otra
cosa". Y yo estoy con el.
- Pero Don Ventura, el trabajo dignifica al hombre.
-¡Ba, ba, paparruchas...
- Yo no se lo he oido decir a ningún infeliz de los que pencan catorze o dieciseis
horas al dia con sus trabajos.
- ¿Entonces...?
- Nada; eso es que desde luego parece muy bien, lo suelen decir aquellos que
viven bien a base no del sudor de su frente, sino del sudor del de enfrente.
Estas salidas de tono eran las que hacían a Don Ventura todos le tuvieran,
por lo que era, un chiflado, y le dieran la razón para evitar conflictos;
todos menos yo, pues ya se sabe que si le seguía la corriente era solo porque
mi intención era la de volar palomos y esto con el lo tenia conseguido.
Si, si, según la afirmación de Don Ventura, volé palomos allí,
pero a cambio de soportar durante 2 años los rollos poéticos que me
soltaba y que yo soportaba con paciencia benedictina. Cuartetos, ocatavas
reales, décimas, pareados, sonetos, odas, endecasílabos, alejandrinos, etc...,
que acabaron por atormentarme de tal modo que mi única salvación fue la de
volar yo de aquel domicilio por los siglos de los siglos.